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Martín, un pescador de sueños

 

Martín, un pescador de sueños

Agosto 30 de 2019.  Sus vecinos le aconsejaban que rellenara el patio de su casa para construir más habitaciones, pero él no lo hizo porque ese era el espacio que necesitaba justo para desarrollar el sueño de su vida: montar una empresa pesquera.

Martín Herrera Orozco, de 33 años de edad, vive con su esposa Adelaida Zúñiga en el casco urbano de Gambote, corregimiento del municipio de Arjona, Bolívar, zona de influencia del Canal del Dique, y zona de pescadores.

Pala a pala, todos los días, una hora en la mañana y otra en la tarde, durante tres semanas, Martín cavó el pozo donde ya cultiva los alevinos que el Fondo Adaptación le dio como parte del acompañamiento social que hace la entidad a la comunidad de Gambote.

Ahora, todas las mañanas, Martín lanza el alimento para sus peces mientras hace las cuentas de lo que necesita para cultivar y producir cinco mil mojarras en 4 meses. Así poco a poco y con ayuda del Gobierno nacional, su idea de convertirse en empresario pesquero se va haciendo realidad.

“Diariamente cuando vengo de pescar le echo alimento a unos peces que yo mismo cultivé para probar cómo se comportaba el estanque con los peces y nunca he visto que les pase nada malo. Entonces cuando regreso de pescar lo primero que hago es…. (se le va la voz, aparecen las lágrimas y después de un corto silencio retoma)… miro el pozo y siempre digo algún día se van a realizar mis sueños y esa es mi lucha diaria”.

Hace diez años vio una imagen de un gran estanque de peces. Ahí nació su sueño, una aventura que inició bajando de internet la imagen para imprimirla y pegarla en la pared de su habitación. Desde entonces, todos los días al levantarse, la hoja de papel bond, tamaño carta pegada en un tablón que hace las veces de pared; le recuerda la meta que tiene. Quizás esa es su mejor motivación: verla una y otra vez para idealizar su proyecto.

Con los insumos que recibió hace unos días por parte del Fondo Adaptación, la idea de convertirse en jefe de su propio negocio, está cada vez más cerca. Ya no será un vendedor más de pescado en este corregimiento de pescadores que se nutren de la Ciénaga.

“Será una microempresa sostenible. Será el sustento de mi esposa y de nuestro hijo que viene en camino. Será el sueño realizado gracias al Fondo. Mi familia y yo ya no viviremos de aventura”, dice mientras camina llevando los materiales que recibió en una carretilla.

Su emoción es evidente. Ya en su casa se sienta en una silla para terminar de contar la historia. Por momentos se le hace un nudo en la garganta y sus ojos brillantes se humedecen.

“Los pescadores nunca pensamos para el futuro porque estamos acostumbrados a coger el día a día, entonces este proyecto me va a beneficiar económicamente y a futuro voy a tener otros estanques para seguir creciendo y darle empleo a otras personas que lo necesitan en el corregimiento, personas jóvenes que saben trabajar, que saben de pesca pero que a veces se hace difícil conseguir trabajo. La idea no es yo sólo ni vivir yo solo de eso sino ayudar a otras apersonas que son capaces y lo necesitan”, asegura Martín con la convicción de empresario.

“Me siento orgulloso porque fue una idea que nació de mí. Estoy orgulloso de lo que he hecho, de lo que tengo y de saber que existen entidades como el Fondo Adaptación que ayuda a la gente de pocos recursos, como nosotros; pues, para mi proyecto, además de los bultos de comida para los peces, me suministraron elementos de ferretería, arena y mallas para encerrar el estanque”, concluye en medio del nerviosismo que produce la emoción de saber que los sueños sí se hacen realidad.

Martín es uno de los 160 beneficiarios del programa del Fondo Adaptación que reciben $1,2 millones en insumos para que con acompañamiento técnico y social mejoren su calidad de vida.